Había una vez un ave sin vuelo.
No tenía libertad ni tampoco cielo.
Solo piaba desde su cárcel sin barrotes que te ponen otros sin verdad en aciertos
Piaba y piaba y para nadie era un aliento.
Decía cosas que no se pueden decir, si no tienes la libertad por dentro.
Decía cosas que nadie quiere escuchar para no perturbar su quehacer y sustento.
Decía… Le canto a la fe, le canto a la esperanza y sobre todo le canto al amor que llevo mi
seno.
Le canto al niño que esta por nacer, que no sabe si vivirá sin verdad y sin aliento.
Le canto al hombre que siempre sueña con un cielo abierto.
Le canto al hombre que desde muy lejos tiene esperanza por lo que lleva por dentro.
Le canto al hombre que fue silenciado como coto de caza por pedir libertad en consenso.
Le canto al hombre para que pida perdón por aquellas aves que yacen en el suelo muerto.
Había una vez un ave sin vuelo que quería recuperar su cielo.