Hace mucho tiempo atrás, 200 años y contando, emerge una ciudad del
fondo del rio, frente a Soledad; de arenas y viento.
De corsos y piratas que navegaban por el rio, atajados por cañones justo en
la angostura del Orinoco.
Sobre lajas del inicio del mundo, puerto de galeones y balandras que vienen
de lo profundo del Apure, del Portuguesa, cargados de pieles, plumas de
garzas blancas llaneras que engalanaron las damas de Paris y el mundo,
saliendo por el delta acompañadas de islas de lirios flotantes.
Esa era la otrora Angostura del Orinoco, hoy perdida en el pasado del tiempo,
y en solo añorada por aquellos que la aman con fervor de pueblo.